Soñé que volaba

Toda la gracia del mundo se reflejaba en mis pupilas. Un maremoto de hermosura que jamás veré en la plenitud de mi conciencia. Sabía a libertad. A cadenas rotas y sal de mar. Era feliz. Pero no de esa felicidad que se inventa uno para no preocuparse a sí mismo. No la que sabe a plastilina y tiene textura como de engrudo. Mi felicidad era auténtica y era pura.

Podía ver las montañas. Estaban allí, y nada me impediría acariciarlas. No eran solamente un paisaje a lo lejos, tan inalcanzable que daría lo mismo si se tratara de una pintura. Estaban allí y yo podía tocar con la yema de los dedos la punta de los árboles que crecían en sus faldas. Podía detenerme en cualquier prado y correr a mis anchas, y luego alzar el vuelo de nuevo e irme a averiguar en dónde viven las aves en invierno.

No tenía alas. Pero volaba. No recordaba el camino a casa, pero en ese punto ya no importaba.

Podía ver tierras nuevas, de las que alimentan mis fantasías y nutren mis textos. De ésas donde se guardan celosamente los mejores secretos. Podía ir a desentrañarlos, y luego prometer volverlos míos. Dormir en el suelo junto a los mitos del mundo.

Y podía seguir volando. Los ríos, los mares, los bosques, me aguardaban sin solicitarme nada a cambio. Olía a jaulas rotas. Se sentía como nadar en el océano helado.

Luego desperté. Y recordé que no he aprendido a volar todavía.

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8 comentarios en “Soñé que volaba

  1. Antes del final, te juro que sentí que leía la mente de Dóllan. Esa sensación de calidez y de libertad fue la que sentí cuando cree al personaje, y no la había vuelto a sentir sino hasta ahora. Que bello texto. Precioso.

    “Era feliz. Pero no de esa felicidad que se inventa uno para no preocuparse a sí mismo. No la que sabe a plastilina y tiene textura como de engrudo. Mi felicidad era auténtica y era pura”. Hijole. Cada día me gustas más. Sobre todo en estos textos cadenciosos e introspectivos, donde cada metáfora y cada imagen se siente tan tangible. La mejor, en ese sentido, me parece esta “Podía ver las montañas. Estaban allí, y nada me impediría acariciarlas. No eran solamente un paisaje a lo lejos, tan inalcanzable que daría lo mismo si se tratara de una pintura. Estaban allí y yo podía tocar con la yema de los dedos la punta de los árboles que crecían en sus faldas”.

    Un abrazo, Rosa

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    1. Gracias, Dany. A mí la verdad me deprimió un poco pensar que de las veces que me he sentido más libre y viva, fue estando inconsciente… Pero fue un sueño hermoso que no podía dejar pasar sin plasmarlo en algún lado. Creo que esa parte acerca de las montañas también fue mi favorita. Me alegra que te haya gustado.Gracias por leer y comentar. ¡Un abrazo!

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