Sonriente

Nadie escuchaba los susurros que provenían del armario. Nadie, excepto yo. Para mí eran tan claros, que no podía comprender cómo ninguno de mis hermanos los percibía. No les importunaban. Pero a mí sí. Me despertaba el susurro de la bestia, cuyo verdadero nombre todavía no me atrevo a invocar, por miedo a que la pesadilla comience de nuevo. Como una retorcida lengua viperina, se … Continúa leyendo Sonriente