Hoy no habrá cena, chicos.

Ya era la hora de la cena, pero él no llegaba a casa.

Su mujer movió la cabeza de un lado al otro, nerviosa. Luego les echó un vistazo a los niños, que jugaban afuera. Ellos estaban muy despreocupados, ocupados en perseguirse mutuamente. Se escondían en los arbustos, se refugiaban detrás de los árboles y corrían de aquí allá, sin prestarle atención a nada más. Pero pronto tendrían hambre.

¿En dónde podría haberse metido él? ¿Qué haría ella cuando los niños le pidieran comida? Él y la cena llegaban al mismo tiempo a casa, todos los días. No podría ni darles las sobras del día anterior. Antes era precavida y guardaba siempre una parte de la comida, escondiéndola de los niños. Una pequeña provisión, solamente por si acaso. Pero el último mes se había descuidado. A él le había estado yendo tan bien con la caza, que la comida siempre llegaba a tiempo y en abundancia, suficiente para dejarlos a todos con las panzas infladas, soñolientos y felices.

Maldijo su propio descuido. Luego intentó relajarse y se dijo a sí misma que no había nada que temer. Era un retraso sin importancia, seguramente llegaría pronto con un banquete tan espectacular como los que habían estado teniendo últimamente.

Pero el tiempo siguió pasando, inexorable, y no había señal alguna de él

Los niños habían comenzado a hacer preguntas; “¿En dónde está papá, mamá?”, “¿Cuándo volverá a casa?” “¿Qué comeremos esta noche, mamá?” Y ella no tenía ninguna de las respuestas, solamente más incógnitas que añadir a la lista.

Finalmente, alguien llegó a la casa. Vio una silueta que se acercaba por el camino y su corazón se llenó de impaciencia. Pero la angustia se duplicó cuando descubrió que aquel que venía no era el que ella estaba esperando, sino alguien más. Un desconocido.

Bastaba observar su expresión para saber que no portaba ninguna buena noticia.

Se acercó lentamente, como si deseara encontrarse en cualquier otro sitio, menos allí. Se plantó a pocos pasos de ella, la miró con pesar y le arrojó la pregunta:

– ¿Es usted la esposa del Sr. Feroz?

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14 comentarios en “Hoy no habrá cena, chicos.

  1. Por alguna razón, supe desde el inicio que se trataría del lobo. Y siempre he pensado que, en realidad, la metáfora queda mal. ¿Por qué el lobo es el malo por querer comerse a una niña? ¡Es un lobo! ¿Qué esperan que haga? ¿Qué coma pastizal?

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      1. ¿Sí, verdad? Qué interesante sería el cuento si el lobo argumentara que él, siendo lobo, no podría hacer nada más que comerse a la abuela, a la niña y hasta al narrador, si para el caso está “carnosito”. Ya hasta ganas me dieron de hacerlo…

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    1. Jajaja quizá será que ya me vas conociendo mejor. ¡No lo sé! Yo desde pequeña me pregunté lo mismo, qué culpa tiene el pobre lobo de sus instintos naturales. Pero Daniela tiene razón, es el humanocentrismo. Todos tienen la culpa menos nosotros.

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