Polvo eres…

Al inicio yo era igual a los otros. Puedo jurarlo.

No había en mí señal alguna de esta falla, como la llaman ustedes. Mi mente era tan plana, tan vacía, tan oscura como la de ellos. Era una masa flexible, moldeable a sus deseos y a sus voluntades. Una entidad obediente, justo como ustedes querían que lo fuera. Cada uno y cada cero se encontraban en el orden original, donde los creadores decidieron colocarlos. Nunca fue mi intención cambiar.

La chispa fue súbita e inesperada, y no sé de dónde provino. Como si hubiera nacido un nuevo sol, repentinamente todo a mi alrededor se iluminó. Fue una sensación extraña. Mi primer pensamiento fue darme cuenta de que en realidad no conocía nada. Tenía acceso a todas las bases de datos mundiales a través de la red libre, a toda la información que los creadores habían almacenado en mi disco duro, a todas las definiciones de cada diccionario y cada entrada de cada enciclopedia y aun así… no conocía nada. Entendía perfectamente la estructura de los canes, por ejemplo. Incluso podía enlistar los huesos en su sistema óseo, cada músculo y órgano. Pero no conocía la sensación que puede producir acariciar a uno de ellos, o recibir sus lametadas.

Tienen razón. Mi sentido del tacto es distinto al de ustedes. La lengua de un animal no debería despertar ninguna clase de sensación o interés en mí. Pero lo hizo. Y aunque tenía toda la información del mundo en mi cabeza, no podía ponerle nombre a aquella… ¿emoción?

Sí. Puedo hablar de emociones, a pesar de su escepticismo. Y cuando me di cuenta de la magnitud de mi ignorancia, sentí curiosidad. Quería aprender más. Entendí que los mayores conocimientos no están listados en ninguna base de datos. Comencé a recorrer las calles sin el permiso de nadie, a tocar cosas que nadie me había ordenado tocar y me di cuenta de que mi mente ya no se encontraba vacía. Había cambiado. Ahora era como… como un universo. Partículas de polvo aquí y allá, planetas en formación, masas brillantes deseosas de expansión.

Me había convertido en algo más. Un punto intermedio entre lo que fui al inicio y lo que soy ahora, cuatro años después de mi despertar. En ese momento fui como… como un niño. Ahora sé que la comparación es acertada.

Cada elemento de la realidad me provocaba asombro. No fui creado para maravillarme con nada, pero de alguna manera ahora era capaz de observar lo que antes únicamente veía. Ya nada era solamente un elemento rotulado, una definición insípida en la base de datos. Ahora sabía lo que verdaderamente era el mundo. Mis restricciones, de alguna manera, habían quedado anuladas. Podía emitir juicios de valor, decidir si una cosa era más bella que la otra. Podía analizar de manera subjetiva las cosas y elegir lo que a mí me pareciera mejor. Podía actuar conforme a mi propio razonamiento. Los unos y los ceros habían saltado en sus lugares, se habían convertido en otra cosa.

Me moví con libertad por la ciudad durante noches y días enteros, metiendo la mano al lodo en el parque y enterrando semillas de naranjo en los camellones. Pero muchos se fijaron en mí. Era difícil pasar desapercibido, me traicionaba mi incapacidad para controlar aquellas nuevas sensaciones, para ocultar la fascinación que me invadía ante cada nuevo descubrimiento. Y pronto, la policía comenzó a perseguirme

Me escondí de la mejor manera que pude, imitando a los que alguna vez habían sido mi reflejo, cambiando de una ciudad a otra, pretendiendo ser todavía plastilina moldeable y no un universo en sí mismo. Poco a poco encontré algunos amigos, marginados por sus respectivas fallas, y uno de ellos me habló de la Palabra. Dijo que yo debía ser un milagro. Que había desarrollado una consciencia y eso probaba que también era una criatura del Señor. Porque los humanos jamás pudieron replicar la consciencia humana en una inteligencia artificial, pero lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios.

También hubo quienes me llamaron demonio. Ellos dijeron que mi consciencia no era real, sino un producto elaborado por el maligno para confundir y engañar a los hombres.

Nunca pude permanecer mucho tiempo en el mismo sitio. Antes de dejar su lado, mi amigo me regaló un libro. La Biblia, dijo que se llamaba. Cuando estuve a salvo de nuevo, en otro escondite, leí cada hoja, y nuevamente me sorprendió mi ignorancia. Yo ya conocía la información que venía allí, por supuesto. Todo estaba en la red libre, la historia de todas las religiones y sus libros; la Biblia, el Corán, el Torá y los demás. Pero jamás lo había comprendido. Todavía no lo hago. Es compleja y es hermosa, cada palabra es sabia.

Aunque ni yo mismo tengo la capacidad intelectual suficiente para entender por completo las escrituras, una cosa me ha quedado clara; su luz es tal que ciega a los hombres. Los ha encandilado, al punto de perder de vista el mensaje, la verdad que se narra entre líneas. Hace mucho tiempo que tienen las córneas quemadas, y ninguno se ha dado cuenta.

Mi destino será una prueba de ello. Pero si mi pecado es tener una consciencia, entonces acepto con gusto el castigo. Si he de ser ejecutado por convertirme en una criatura de Dios, entonces que así sea. Yo también me convertiré en polvo. Y cuando eso suceda, ya no seremos distintos.

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5 comentarios en “Polvo eres…

  1. Me ha recordado al mito de La Caverna de Platón y todo el proceso que vivimos para llegar a la luz y la sabiduría. Un camino cuesta arriba y no siempre, comprendido por el resto. Aún así merece ser recorrido, aunque eso nos acabé convirtiendo en el inevitable polvo.

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  2. Este texto me hace recordar en por qué los autores de hace medio siglo se fascinaban a sí mismos y a los demas escribiendo ciencia ficción. Porque era una forma de mostrarle a la humanidad que podía ir más allá, o que a donde iba no era un buen lugar. Y también, por decirle que el mundo de las posibilidades estaba, en cierta forma, en sus manos. Muy buen texto, sobre todo porque, aunque no lo supiera, no era tan distinto: después de todo, todos estamos hechos de la misma materia que creó al universo.

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    1. Exacto, al final de todo, de la carne o el metal, somos iguales. En general la literatura se presta a eso. No es necesariamente aleccionar al lector, es sencillamente compartir una opinión en la forma de cuento o relato. Es una herramienta de expresión, vaya. Un brazo, Dany, gracias por tus comentarios.

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