De narcobloqueos, pizzas sin balas y un camello…


Ayer desperté temprano. Era algo extraño, nunca despierto temprano en un día feriado. Bajé a desayunar, tomé el café matutino con toda tranquilidad, sin sospechar que allí afuera se estaba llevando a cabo el fin del mundo. De acuerdo, el fin del mundo es algo exagerado. Vamos a dejarlo en una escena del videojuego Grand Theft Auto. En 43 puntos distintos de la ciudad.

Casual.

Ya saben, visualicen un montón de automóviles y buses en llamas, colocados estrategicamente en vías de la periferia para bloquear el paso vial. Narcobloqueos, les llaman. Ah, y también incendios en locales. Y un helicoptero derribado a punta de balazos – estos chicos seguramente vieron rápido y furioso 7 hace poco-.

Guadalajara, mi ciudad, sumergida una vez más en el caos y la violencia. No era un pandemonio como tal, en realidad ningún civil resultó herido, hasta donde las noticias han mencionado. Pero lo que estos actos representan no debería pasar desapercibido.

Hay que ser sinceros, a estas alturas del partido nos sorprende tan poco, que los chistes y las bromas tardan medio segundo en aparecer en las redes sociales. En parte es culpa de nuestra cultura; creo que los Mexicanos tenemos una habilidad especial para sacar un poco de humor de cualquier tragedia. No lo hacemos de mala leche, me parece que es nuestra manera de lidiar con el horror. Hasta mi novio dijo que iba a llamar a la pizzeria: “Hola, sí, quiero una de pepperoni, con extra queso. Ajá, y sin balas, por favor”. Por mi parte, yo estaba concentrada ideando planes para conseguir llegar hasta el estacionamiento del trabajo, donde por errores del destino decidí dejar mi carro:

Tal vez si consigo un chaleco antibalas y una motocicleta, pueda escabullirme entre los narcobloqueos… ajá, como en aquella escena de Tomb Raider donde Lara Croft se escabulle entre los mafiosos y entonces… pero primero tendría que aprender a usar una motocicleta. Y si consigo un helicoptero… ups, acaban de derribar uno. Tal vez en un camello…

Sin embargo, no podemos dejarnos llevar por este espíritu de “todo está bien, no pasa nada”. Ni dejarnos acostumbrar a este tipo de violencia. Es lo contrario; la frecuencia con que ocurre debería alarmarnos cada vez más. Las bromas no deberían reemplazar la indignación. Estoy de acuerdo en que el humor es un arma de defensa contra el terror de la vida real, pero jamás debería suplantar a la indignación, a la incredulidad de que ésta sea la sociedad en la que vivimos. Una realidad en la que un día te preparas para disfrutar del fin de semana feriado, y al día siguiente aceptas resignado que debes permanecer en casa, ya sabes, por si a los narcos se les ocurre prenderle fuego a un automóvil en tus rumbos. O peor, al tuyo. Y si te sacan antes del vehículo, ya es ganancia.

La frase “México, me dueles” es un hashtag popular en estos días. Lo he visto decenas de veces, pero hoy lo sentí de verdad. Que qué bueno que no hubo heridos, muy bien. Que en realidad todo el escándalo ocurría nada más en la periferia y el centro estaba como si nada, genial. Que mucho del escándalo era nada más histeria colectiva… pues menos mal. Tampoco es que la histeria esté injustificada. Tampoco es que todos esos “menos mal”, le quiten gravedad y horror al asunto. Esto no es normal. Es un síntoma gravísimo de una sociedad que se está desmoronando por todos lados, de una autoridad ineficiente y un pueblo al borde del colapso.

La verdad de política no sé mucho, ni tampoco me las doy de socióloga. Pero vaya, no creo que se necesite eso para darse cuenta de que esto no está funcionando. Queda más claro que el agua. ¿Que entonces qué demonios es lo que funciona? Ni idea. La última novela que escribí era distópica. Pero dudo que vaya por el lado de resbalarnos todo esto. Decía Daniela Guzmán que al día siguiente nadie se acordaría de ello. Y tiene razón. Estas cosas siempre son lo mismo; ése día todos anuncian el armaggedon en Facebook, al día siguiente que si ya salió la nueva peli de los Avengers. La historia de siempre.

Pues yo, al menos, todavía me acuerdo. Aunque puede deberse a que estoy falta de temas para escribir, o que soy un poco reencorosa y no les he perdonado aislarme de mi pequeño carro. No lo sé. Lo que sí sé es que a mí todavía me duele mi ciudad. A mí todavía me duele México.

Fotografía: Periódico “El Universal”

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11 comentarios en “De narcobloqueos, pizzas sin balas y un camello…

  1. A mi también me duele México, es tremendo tener que acostumbrarse a eso, a renunciar a las soluciones. No imaginaba que estos sucesos te pillaban tan de lleno. Tengo una teoría un tanto peregrina, creo que los EEUU le interesa tener el sur alborotado, desorganizado, para que jamás representen un peligro. Eso sí, se proveen de las dorgas que vienen de allí pero los problemas no los viven ellos, si quisieran y hubiera voluntad eso se arreglaba rápido. En fin, ánimo.

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    1. Icástico yo secundo tu teoría peregrina. Si no hay deseos activos de tener al sur alborotado, cuando menos hay indeferencia con respecto al asunto. Cuando menos se aprovechan los beneficios del alboroto ya existente. Sería fácil que las cosas se calmaran con un poco de esfuerzo conjunto. Pero bueno, el problema también es muy complejo. En algunas zonas (sobre todo en las zonas rurales y/o muy pobres) el narco es visto como un benefactor del pueblo y esto sucede porque la autoridad real no le da bienestar a esta gente. Detrás del problema también hay un montón de desigualdad, de pobreza y de resentimientos sociales y supongo que a los poderosos tampoco les conviene que estas cosas se arreglen.

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      1. Cierto, Daniela, ese respaldo social al narco (aquí fue al contrabando del tabaco, en Galicia, que alimentaba muchas bocas) se debe a que, a su manera, han sustituido la deficiente actuación del Estado porque este directamente se ha desentendido de sus obligaciones. Entiendo que el asunto es muy complejo, como dices, no conviene frivolizar, pero son muchos años con la misma cantinela y el asunto está muy estudiado, no cabe duda de que hay intereses poderosos (y de poderosos) que llevan a encallar cualquier atisbo de solución.

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      2. Todo lo que dicen es muy cierto. Los narcos terminan convirtiéndose en héroes en sus pueblos, al punto que cuando los arrestan la gente organiza marchas a su favor para que los liberen. Pero es exactamente por eso, porque terminan dando el bienestar que las autoridades no les dan. Y su teoría peregrina tiene todo el sentido del mundo. El problema es que hay mucho en riesgo para las personas con poder, les conviene más dejar que ruede la bola que intentar meterse a ponerle un alto al asunto. Es una maraña de problemas ligados.

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  2. Yo ya no sé a quién creerle. Hay quién dice que es verdad, y que sí son entes reales y peligrosos los que amenazan con sus ataques, otros dicen que es el mismo gobierno legitimándose y volviéndose necesario, y otros más dicen que ambas cosas son ciertas, y que por eso lo hicieron en día feriado; ya sabes, para que sea un espectáculo que todos puedan ver desde sus casas, con el miedo suficientemente lejos como para realmente estallar. Creo que cualquiera de esas es una mala opción para todos los demás, esos que ni somos gobierno ni somos parte de la delincuencia. Y sí, el humor y el chiste – sobre todo en el mexicano – tienen por función aliviar la tensión en la mente, el problema es que nos acostumbramos a quitarnos el estrés de cosas que quizá no deberíamos. ¿Pero quién soy yo para criticarlos? Mi mente está ocupada en querer publicar un libro y una lectura pública. No soy tan distinto de ellos.

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    1. Sí, la verdad es que al final ya no sabes quién es realmente la persona que jala los hilos o qué tan compleja es la situación en realidad. Pero como dices, es un problema para todos los demás, para los plebes como tú y como yo, que no nos beneficiamos de nada de esto. Y tu final es muy sabio. Coincido con Icástico, qué diferente sería si las mentes de todos estuvieran puestas en cosas como la literatura.

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  3. Daniel, me matas con tu final, ¡ojalá las mentes de esa gente estuviera ocupada con lo mismo que la tuya! Comprendo que conviene ser cauto con la crítica, nunca se sabe dónde está el enemigo. Estas organizaciones se han convertido en auténticos estados paralelos, con más recursos económicos y materiales (armas) que muchos paises, acabando por tener más poder. El “plomo o plata” funciona, la ley del silencio también, hay muchas voluntades compradas, quieran muchos venderla o no, el miedo hace el resto.

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    1. El miedo es un arma incluso más eficiente que el plomo o la plata. Y quizá de eso se trate todo esto, infundir miedo. No lo sé, al final resulta que todos están coludidos, que los partidos tratan de derrumbarse mutuamente de cualquier forma que sea posible, que es un desesperado intento de mantenerse en el poder. La verdad ya no es posible confiar en ninguno de ellos, se habla de democracia, pero tras bambalinas todos tienen su propia agenda.

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