Aventuras de una roca ambulante: Terror en el IMSS

Las instituciones en mi país son un caos. Eso lo sabemos todos aquí, en México. Pero algunas veces hasta yo, con mi escasa fe en el gobierno y sus sistemas, me sorprendo.

La semana pasada tuve un percance vial. Les juro que no choqué, me chocaron. Total, no pasó a mayores. El seguro de la chica que se distrajo “encendiendo el aire acondicionado” – vamos, que la vi texteando por el retrovisor antes de que se me estampara por detrás- me dio pase para atenderme en un hospital privado.

Todo bien hasta allí.

El problema comenzó cuando mi jefe me dijo que debía incapacitarme. Y todos sabemos lo que significa tener que incapacitarse: ir al IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) – Inserte grito de terror aquí-.

El IMSS es todo un caso. En algunos niveles es muy bueno y los doctores están bien capacitados -Y no lo digo solamente porque mi propio padre trabaje allí desde hace más de veinte años, en el departamento de Terapia Intensiva- En otros niveles, sin embargo, como en medicina familiar y consultorios, es un desastre de magnitudes colosales.

Para poder incapacitarme debía revisarme y autorizarme un médico del IMSS, en el consultorio que me corresponde – ¿en base a qué parámetros se asignan los consultorios? No tengo la menor idea-. Llego a las ocho de la mañana a la clínica que, por cercanía, me toca. Me acerco a la chica que está sentada en el escritorio afuera del consultorio y le explico muy diplomáticamente mi situación; que necesito una incapacidad laboral debido a una lesión menor por accidente vial.

– ¿Tienen cita?- me pregunta.

¿Cita? repito para mis adentros. ¡Vaya, pero si tiene toda la razón! He sido una descuidada. ¿Pero cómo he podido olvidar que el lunes veintitrés era el día que me chocaban? Si hasta mi madre me lo advirtió la mañana del día en que tuve esa pesadilla precognitiva. Me dijo “pues ve haciendo cita en el IMSS, desde ahorita” Y yo no la escuché y me olvidé por completo del asunto.

Tonta yo.

Le explico de nuevo mi situación. Le digo que me chocaron el día antes y que no tenía idea de que necesitaría incapacidad laboral esa semana – ¿Para qué confesarle que tengo poderes de clarividente?-.

– Solamente se reciben tres personas sin cita por día, y ya tengo a todos estos en lista de espera- me dice, mientras me muestra un montón de tarjetones de las personas que están en fila antes que yo- Si quieren, tomen asiento y esperen, a lo mejor alguien falta a su cita y logran entrar.

Alerta de spoiler: nadie faltó a su cita.

La verdad la chica fue un poco más amable que eso, pero por motivos de mi rencor sus diálogos serán secos, agrios y antipáticos – o al menos así suenan en mi mente mientras escribo esto-.

Le pregunto cómo puedo hacer una cita. Resulta que no hay espacio en semanas.

Vuelvo a casa sin incapacidad, en la tarde del día después al accidente vial, tras perder toda la mañana sentada enfrente del consultorio, viendo como todos asistían puntualitos a sus citas -ellos sí escucharon a sus madres, seguramente-.

Pero debo volver al día siguiente. No me queda de otra, mi jefe no me quiere en el trabajo lastimada por políticas de la empresa y sin incapacidad nada más me estoy volando los días laborales sin justificación alguna.

Llego a las 5:50 am. Ya hay gente haciendo fila. Pregunto a qué consultorio van, si alguien está formado para el consultorio número cinco. Nadie responde; soy la primera. La clínica no abre puertas sino hasta las 7 am. Así que, mientras tanto, estamos todos apiñados en las escaleras de la entrada. Todavía no amanece y hace frío. No hay mucho donde sentarse, casi todos estamos parados. Hay de todo, ancianos, mujeres con bebés, niños pequeños. El procedimiento es el mismo; quien llega le pregunta a los presentes si hay alguien formado para su consultorio. Se identifican entre ellos para saber quién va primero y quién después. No es un sistema oficial, solamente algo que ya están acostumbrados a hacer. A pesar de todo hay orden y respeto. Nadie intenta robarse el lugar de nadie.

El segundo que llega a la clínica, solicitando turno para el consultorio cinco, no se ve tan mal. El tercero, sin embargo, apenas puede estarse en pie; lleva un brazo en un cabestrillo, tiene un pie malo, el otro no mucho mejor y camina ayudado de un bastón. La cuarta es una mujer con un bebé. El quinto un anciano con una tos terrible. Los escucho hablar. La mujer le cuenta al anciano cómo es la tercera vez que llega a la clínica y no ha conseguido ser atendida. Yo me muerdo los labios con remordimiento, porque sé que solamente tres personas consiguen entrar a consultorio sin cita, los demás se quedarán en espera de un despistado que no llegue a su cita.

Pienso que me estoy robando el lugar de alguien que realmente lo necesita. Porque a mí, a final de cuentas, ya me atendieron en un hospital privado. El mismo día de mi percance vial, no tuve que esperar más de una hora para que me atendieran, me hicieran radiografías, me viera un traumatólogo de lo más simpático, con un nombre asiático de lo más complicado, me dijera que tenía esguince cervical, me diera un collarín médico, de esos que son el equivalente al cono de la vergüenza canino en los humanos, y me despachara, no sin antes darme su tarjeta de contacto y decirme que lo llamara sin ninguna duda si es que seguía teniendo molestias – todo a cuenta del seguro de la chica que me chocó el carro, claro-.

Pero el diagnóstico de un médico privado no importa para una incapacidad laboral. ¿Quién les asegura a ellos que el médico privado no es un buen amigo nuestro, que nos está haciendo un favor para tomarnos unas pequeñas vacaciones del trabajo? Así que eso nos lleva de vuelta al IMSS, donde consigo ser atendida, pero la señora con el bebé, y el anciano de la horrible tos, quizá no lo logren. Porque ellos llegaron a la clínica a las 6:40 am, no a las 5:50 am. Porque la enfermedad – sea la que sea- los tomó desprevenidos y no pudieron hacer una cita con tiempo – no todos tenemos la maravillosa habilidad de la clarividencia-.

Entiendo que no es culpa de los médicos. Ni tampoco de las enfermeras. Ellos hacen lo que pueden con los recursos que les dan. Y, aunque todavía siento remordimiento al pensar en la señora con el bebé, entiendo que tampoco es mi culpa; aun si le hubiera dado mi lugar y hubiese regresado al día siguiente, me habría encontrado en la misma situación; el número cuatro sería, seguramente, alguien en un apuro médico peor que el mío.

Es que, sencillamente, el sistema es insuficiente. Es el sistema médico de un gobierno tercermundista donde, mientras el presidente se lleva 200 personas a pasearse con la reina de Inglaterra, 200 personas hacen fila en la entrada de una clínica, a las 6:00 am de la mañana, con la esperanza de que ese día sí serán atendidas. Y la mayoría no lo será.

Y yo comparto esta entrada a modo de protesta. Quizá también para redimirme un poco de la culpa. Y también para que me quede todavía más claro que yo nací con mucha suerte, en un país donde la suerte se reparte a migajas.

Imagen: El grito de Munch

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19 comentarios en “Aventuras de una roca ambulante: Terror en el IMSS

    1. Jajajaja chus. Qué chistoso. Eso de las citas por internet se está implementando apenas en cosas como ir a Hacienda o sacar el pasaporte. Pero anyway hay una lista de espera como de dos semanas (o más) para conseguir una cita en lo que sea.

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    2. Como dijo Dany, las instituciones gubernamentales apenas están implementando la opción del internet. Pero sus páginas son casi tan problemáticas como ellos mismos y nunca hay cita de nada. La verdad todo lo relacionado a los trámites gubernamentales es un lio horrible. Menos mal que a ti te toca mejor 😀 ¡Un abrazo!

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    1. Yo te juro que todavía me siento culpable. Pero pues así está la cosa, y a veces le falta a uno una bofetada como esta para darse cuenta de lo bien que la pasa, mientras a otros les toca vivirlo a diario. Es horrible. Un abrazo, Dany 🙂

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  1. Jajajajajaja, y pensar que estas historias suceden a cientos de mexicanos día con día, y concuerdo contigo, las asosiaciones e instituciones gubernamentales no se enfocan en lo que en realidad importa…Gracias por compartir esta experiencia, ahora a tomar precauciones. 😀

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    1. Mi consejo es que practiques tus habilidades de clarividencia y le hagas caso a tus visiones precognitivas a tiempo. La verdad, es una realidad terrible de la que la mayoría de los mexicanos no se salva. Un abrazo y muchas gracias por comentar 😀

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    1. El problema es que luego no le dan opción a uno, porque con la incapacidad, por ejemplo, es IMSS o IMSS. Como dices, es un sistema terrible, lleno de absurdos e incongruencias. Pero sí, lo mejor es evitarlo en la medida de lo posible, no nada más para no pasar el mal rato sino también para no acaparar el lugar de los que no tienen alternativa. Un abrazo, Dany 🙂

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  2. ¡Tengo la solución! Hacen un pequeño comité de amigos o vecinos a los que les toque el mismo centro y, por turno, piden hora uno cada semana (estén o no enfermos). Así, el día que lo necesiten pueden cederse la hora. “Oye, que me caía por la escalera y necesito la cita de esta semana para que me enyesen la pierna rota.” Al que le toca esa semana te acompaña y al entrar en la consulta te visitas tú en lugar de él. Así ya van sobre seguro. Si resulta que nadie enferma, y no van, no pasa nada porque la hora será aprovechada por alguien 😉
    ¡Ah! y espero que tu choque quede en nada, porque eso de las cervicales es un rollo.

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  3. Alucinante. Yo soy Español y nuestro sistema no es así. No es que sea mucho mejor. Pero no es así. Aunque nuestros políticos hacen lo que pueden para llevarnos a alcanzar vuestra “calidad” en este tema. Vamos para atrás como los cangrejos. Europa camina hacia adelante mientras España se entretiene en la carrera haciendo un moonwalk a lo Michael Jackson. Pero esto que me cuentas es increíble. ¿Al médico a las 5 de la mañana? Para un partido Madrid-Barsa o un concierto de Justin birm… Bris… Biebb… El niñato ese que se tatua y tiene cara de niña, me suena hasta normal. Pero para recibir nunca baja laboral??

    Por otro lado. Me encantan como has usado el sarcasmo. Me recuerdas a mí, solo que en el día a día XD

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  4. y te toco suerte si el medico que te atendio para darte la incapacidad te trato bien… yo no, tuve que lidiar con una doctora que ni el saludo me dio, me empezo cuestionando de forma muy grosera si traia esguince ‘o no traia, porque en la medicina es si o no, no hay cosas a medias’… y de paso cuando me dijo que si queria medicina y le dije que si, me dijo bueno, pues como me dijo que ‘nomas venia x la incapacidad’… y otras cosas que mejor ya no platico para que no me la vayan a hacer de tos cuando tenga q ir a hacer filas larguisimas para cobrar la incapacidad

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    1. Esa es otra, todavía me espera la fila del pago por la incapacidad. Por suerte a mí me tocó una doctora muy amable y simpática, pero sí, es el colmo que aparte de todo te toque un doctor malhumorado. No queda más que seguirles el rollo, para salir de allí lo antes posible. Es toda una Odisea eso de las incapacidades, pero qué se le va a hacer. ¡Un saludo y suerte con eso del pago! A ver cómo nos va, que yo también tengo que hacerlo…

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