Bajo la cama

El túnel era muy estrecho y el espacio se reducía cada vez más. Jimmy tuvo que colocarse sobre su abdomen y usar los codos para poder seguir avanzando, con la linterna alumbrando el camino desde su boca.

Laura estaba detrás de él. Lo sabía porque podía sentir la mano de su esposa aferrada con fuerza a su tobillo derecho.

Pensó en decirle algo, una palabra de aliento o lo que fuera, pero desechó la idea casi de inmediato. No tenía ningún sentido. Lo único que ayudaría a Laura sería ver el final de ese túnel cuanto antes. Tenía que encontrar una salida, antes de que perdiera el control de su fobia y se quedara petrificada allí mismo, en el hogar de las ratas.

El túnel terminó de golpe, pero la oscuridad continuaba allí. Jimmy se arrastró fuera de él, se puso de pie e iluminó el sitio al que habían llegado. Laura soltó un grito ahogado.

– ¡No hay salida! ¡James, no hay salida!

Jimmy le dijo que se callara. Podía escuchar los pasos de ellos, justo arriba. Golpeteos constantes en el techo, garras que rasguñaban el cemento. El túnel no los había llevado lejos, como él había pensado.

Laura se dejó caer en el suelo, llorando. Él se acurrucó a su lado. Ellos seguían danzando en el piso de arriba. Muy pronto los olerían a ambos.

– ¿Recuerdas lo que prometiste?- la voz de Laura era como un cuchillo. Le atravesó el cuerpo.

– Ya pensaremos en algo.

– Estoy cansada, James. No queda nada más en la estación, no queda nadie ni nada. Solamente están ellos. Y estamos nosotros. No debimos venir aquí, James.

– No eras feliz en casa. Todo te recordaba a Andy. Pensé que aquí sería más simple.

– ¿Creíste que Marte me haría olvidar a nuestro hijo?

– Olvidarlo, no- respondió James, rápidamente-. Dejarlo ir. Eras como un fantasma, Laura. Cuando él se fue perdiste la habilidad para caminar, y aprendiste a flotar.

– Quería alcanzarlo, nada más- murmuró Laura.

James no dijo nada. Él también habría querido alcanzar a Andy, pero en lugar de aprender a flotar, como su esposa, Jimmy se convirtió en lodo.

– Ya vienen.

Ella tenía razón. Habían sonado los cuernos.

– Lo prometiste- repitió Laura.

James asintió. Escuchó a su esposa reír por lo bajo.

– ¿Qué rayos te pasa?

– ¿Recuerdas cómo siempre le decíamos que los monstruos no existían? Y tú debías revisar bajo la cama y el armario todas las noches, o de lo contrario jamás se dormía.

– Lo recuerdo.

– Andy era más listo que nosotros. Quienes organizaron esta expedición olvidaron mirar debajo de la cama.

James besó a Laura.

– ¿Esta vez me dejarás flotar?

Le disparó antes de responder a su pregunta. Ella no lo sabía, pero nada más le restaba una bala. De nuevo, Laura se había elevado para ir a buscar a Andy, mientras él se convertía en lodo.

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3 comentarios en “Bajo la cama

  1. Lo más encriptado que te he leído hasta ahora. Y por mucho. Tendré que leerlo varias veces.
    Me gusta ver cómo exploras distintos tipos de temas, estructuras y demás en tus textos, Rosa. Nunca estás quieta. Este en particular es muy sensitivo en lo que transmite, más en lo racional aún no acabo de entenderlo.
    Un saludo y un abrazo, Rosa 🙂

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    1. Qué curioso lo que dices, porque no lo pensé así en lo absoluto. Pero, la verdad, es que lo escribí muy rápido y no lo releí demasiado, así que pude haber escrito cualquier cosa realmente. Me gusta experimentar a veces, aunque los resultados no siempre salgan bien. Gracias por leerlo y un saludito 😀

      Le gusta a 1 persona

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