Agar y Alec Parte I

He aquí que les voy a contar la historia de los dos últimos dragones que poblaron alguna vez este mundo. ¿Dragones? Me preguntarán ustedes, con la voz seguramente cargada de escepticismo. Dragones, les responderé yo. Me refiero a aquellos seres colosales y majestuosos, con alas grandes y fuertes, escamas brillantes y duras, que en la actualidad tan sólo se conocen por los cuentos infantiles. Pero alguna vez existieron. Fueron tan reales como tú y como yo, tan reales como el sol, la luna y la tierra que pisamos. Eran los reyes del cielo. Surcaban las nubes a gran velocidad, volando con tanta gracia que casi podía decirse que danzaban en el aire. Sus ojos eran del color de las piedras preciosas; verde esmeralda, azul zafiro, rojo rubí, blanco perla, negro ónix… y su profundidad era tal, que parecían contener toda la sabiduría del mundo en ellos. Su hermosura sencillamente no tenía comparación.

Sin embargo, el hombre, en su infinito egoísmo, fue acabándolos uno por uno. Comerciaban con su piel, con su sangre y sus colmillos, con sus cuernos y sus garras. Incluso comerciaban con sus órganos vitales (El corazón de un dragón bien podía venderse por varios miles de monedas de oro). Al borde de la extinción, los dragones intentaron esconderse de la humanidad como les fue posible hacerlo. Si antes eran libres de atravesar los cielos a su antojo, ahora emprendían el vuelo únicamente cuando no les quedaba ninguna otra alternativa. Se internaron en las selvas más densas, en los bosques más espesos. Buscaron refugio en las montañas más altas, a las cuales las personas no podían acceder, y en las cuevas más profundas. Algunos dragones incluso se sumergieron en el mar e hicieron del océano su nuevo hogar.

Y, sin embargo, a pesar de todas las precauciones que habían tomado, llegó el día en el que solamente dos dragones permanecían con vida. En aquellas épocas, prácticamente ningún humano recordaba ya a estas magníficas criaturas. Se les había desterrado al olvido. Se habían convertido ya en nada más que un insignificante elemento del pasado, en el comienzo de un mito. Y los dos dragones remanentes vivían lejos de cualquier poblado, en una isla pequeña que aún no había sido descubierta por el hombre. Eran un par de jóvenes criaturas, apenas atravesando la adolescencia. Sus cuerpos eran fuertes y sus almas vivaces. Un par de hermanos cuya madre había muerto de alguna terrible enfermedad que le ocasionó grandes dolores e imparables hemorragias. Se llamaban Alec y Agar.

Alec poseía un cuerpo recubierto de escamas de un color aguamarina que recordaba las salvajes olas del océano y brillaban de la misma manera en la que brilla el sol cuando se refleja sobre la superficie del agua. Un par de cuernos coronaban su alargada testa, enfilados como los del rinoceronte. Eran blancos como el marfil, fuertes como la roca más dura y finalizaban en una punta mortal. Sus alas eran algo grandes en comparación con el resto de su anatomía, pero eran poderosas y majestuosas. Tenía un carácter noble y un corazón soñador, sediento de aventuras. Agar, por su parte, era del color de la sangre derramada y al contacto con la luz sus escamas arrojaban destellos de diversos matices de rojo y naranja que iluminaban todo lo que se encontrara a su alrededor. Tres gruesos cuernos crecían de la parte superior de su cabeza, alineados como aquellos del toro. Su naturaleza era orgullosa, altiva y soberbia.

Así pues, estos dos hermanos habían pasado su vida entera en aquella isla, protegiéndose mutuamente. Llegó un día, no obstante, en el que todo cambió para ellos.

Ilustración: Dragón blanco, de Ciruelo Cabral

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6 comentarios en “Agar y Alec Parte I

  1. “Un par de hermanos cuya madre había muerto de alguna terrible enfermedad que le ocasionó grandes dolores e imparables hemorragias. Se llamaban Alec y Agar.”

    Ahí acabaste de convencerme. Mira que hacerme ver a los dragones como si fuesen cualquier personaje, creíbles en su trasfondo, es decir mucho cuando se habla de dragones. Me pregunto qué les harás a los pobres Alec y Agar (no tú, pues, sino el resto de los personajes). Algo me dice que uno morirá sacrificándose por el otro (Alec).

    Un saludo Rosa. Como siempre, tus letras impecables. ¿Este era el cuento que decías que dividirías, verdad?

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    1. Sí, estará dividido en capítulos 🙂 Ya verás, ya verás lo que sucederá jaja aunque ya estás conociendo mejor mi estilo, lo demostraste con tu post de Harry Potter xD Me alegra que te vaya gustando, este cuento lo escribí hace rato ya y por eso es un poco diferente, un poco más tosquito y menos pulido, pero de todas formas pensé que valía la pena ponerlo por aquí. Ojalá te siga gustando.
      ¡Un saludo!

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