Donde cae el rayo

Solamente podía continuar corriendo. No tenía alternativa. Sabía que nadie le ayudaría; le tenían miedo. Le seguían de cerca, acortado la distancia que los separaba a cada segundo. No podía verlos, pero podía escucharlos; gritando a sus espaldas, maldiciéndolo con rabia.

Tropezó.

Un dolor agudo mordió su rodilla. No había visto la piedra. Estaba tan oscuro; la noche lo encerraba en sus entrañas y ni la luna ni el fuego le brindarían apoyo. Hasta los astros parecían pensar que era el pariente del diablo.

Consiguió evadir el siguiente obstáculo que la madre tierra colocó en su camino. La naturaleza intentaba derribarlo, y no le sorprendió. Desde su nacimiento lo había condenado. Quizá ellos tuvieran razón, pensó. Tal vez él fuera un producto creado en las rojas fábricas del subsuelo. Un demonio blanco, aunque le faltaban los cuernos.

Falló. Cayó como un fruto caduco sobre la árida tierra y su cuerpo pequeño rodó por la pendiente. Así le dieron alcance. El machete se movió tan rápido que él comenzó a contar los segundos antes de escuchar el trueno, como su madre le había enseñado. Era la forma de averiguar qué tan cerca había golpeado el rayo.

Muy cerca, decidió. Demasiado cerca. Lo suficiente como para reclamar su mano.

El hombre la exhibía en lo alto, mostrándola a los demás con júbilo en el rostro.

Tal vez ahora lo dejarían tranquilo. Tal vez una mano fuera suficiente. Bastaba para preparar una buena poción, un remedio para ahuyentar los malos espíritus. Bastaba para castigarlo por ser quien era él, por el crimen que se pintaba en su piel. Porque los dioses no habían besado su cuerpo para insuflarle vida, y en lugar de ello lo habían olvidado, permitiendo que naciera más pálido que el cadáver de su padre.

El machete se elevó de nuevo.

Uno…

Dos…

Tres…

Nota adicional: En algunas zonas de áfrica, las personas que nacen albinas no solamente son discriminadas: son perseguidas e incluso asesinadas, sin importar su edad. A su cabello y extremidades se les atribuyen supuestos poderes mágicos. Este cuento breve se basa en un suceso real.

Fotógrafo: desconocido. 

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6 comentarios en “Donde cae el rayo

    1. Gracias, me alegro mucho de que lo encontraras así. Yo todavía no consigo sacudirme de encima toda la arena que sentí en el corazón luego de enterarme de esta noticia. ¡Un saludo y gracias por tu tiempo!

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