Demiurgo

El olor a chocolate de tu crema de manos me fascina. Te miro ahí, sentada frente a mí, y me aventuro a adivinar lo que piensas. Esos ojos almendrados susurran penas, esa boca torcida grita frustración. Un par de muecas se te escapan del rostro. Río para mis adentros. Me encantas. Expresiva, efusiva. Te escucho maldecir en voz baja. Clavas la vista en la ventana. Sé bien que deseas estar allí afuera, leyendo al pie de los robles, haciendo volar la pluma a través de las hojas blancas. Demiurgo de tus universos, arquitecta de palabras. Rea en tu cárcel imaginaria, presa de un grillete auto impuesto. Qué daría yo por tener la llave. Seguro te piensas discreta, tal vez con el resto así sea. Para mí eres libro abierto, pez que intenta nadar lejos del agua. Guardas la crema de manos, pero el olor se queda en el aire. Aparto la mirada, pero tu rostro se queda en mi mente.

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